SALTA (Por Julio Casanova para Voces Críticas) Durante la campaña, el actual jefe comunal, Franco Hernández Berni, se presentó como el rostro de una nueva etapa para la ciudad. Modernización, desarrollo, cercanía con los vecinos, mejora de los servicios públicos y generación de oportunidades fueron algunos de los conceptos que dominaron su discurso. La propuesta apuntaba a dejar atrás viejos problemas y abrir una nueva página en la historia de Tartagal. Sin embargo, la percepción que hoy circula en amplios sectores de la comunidad parece bastante más distante de aquel relato electoral.
Uno de los ejes centrales de la campaña fue la promesa de una ciudad más ordenada y con mejor infraestructura. Calles en mal estado, problemas históricos de mantenimiento urbano y deficiencias en distintos servicios aparecían como prioridades a resolver. Sin embargo, los reclamos vecinales continúan ocupando buena parte de la agenda pública y las soluciones parecen avanzar a un ritmo mucho más lento del esperado. La transformación anunciada todavía no logra reflejarse con claridad en la vida cotidiana de muchos barrios.
Y es que hay una diferencia fundamental entre una ciudad y una aldea. La ciudad discute proyectos. La aldea discute personas.
Franco Hernández Berni ganó prometiendo una nueva etapa para la ciudad. La verdadera pregunta no es qué prometió cada uno de ellos. La verdadera pregunta es por qué Tartagal sigue discutiendo exactamente los mismos problemas desde hace décadas.
